viernes, junio 12, 2009

Generación panqueque

Ayer tuve el honor de compartir un almuerzo con Guillermo Jaime Etcheverry, autor del libro "La tragedia educativa". Ddebo confesar que, al igual que otros colegas, salí muy movilizada. Todos sabemos de la crisis del sistema educativo, pero una exposición tan prolija y fundamentada, con argumentos contundentes, hace pensar sobre qué escuela tenemos y qué estamos haciendo para tener una escuela mejor.
Les dejo algunos conceptos:


El pacto fundacional de la escuela, aquello de que "la escuela está para enseñar", está roto. Hoy los padres están aliados a sus hijos en contra de la escuela. Antes se iba a ver qué hizo mi hijo en la escuela, ahora vamos a ver qué le hicieron a mi hijo. Se ve a la escuela como un sistema de opresión.

Estamos criando una generación panqueque. Hay tanta abundancia de información, que creemos saber de todo un poco. Pero la instantaneidad hace perder la profundidad del pensamiento.

El maestro hoy tiene mucha técnica educativa pero poco conocimiento. Se cuestiona la “instrumentalidad” del conocimiento, el “para qué me sirve”. No todo sirve en el momento, lo que uno es y sabe se pone de manifiesto en cada acto que realiza, en cada decisión que toma. El maestro no tiene confianza muchas veces de lo que está enseñando.

La fugacidad nos afecta. Todo cambia tan rápido que nos preguntamos, ¿para qué enseñarlo? Puede ser, pero la base de la estructura no cambia. La educación es una inversión a largo plazo.

El 75% de los padres cree que la escuela en Argentina está mal. El 75% de los padres, a su vez, está conforme con la escuela de sus hijos. Ergo, la mayoría cree que se salva y que el problema le toca a otros.

La escuela no está cumpliendo la función de ascenso social que supo cumplir. A la escuela se va a compartir con los pares, de igual a igual, el pobre con el pobre, el rico con el rico. Recién en la universidad pública hay diversidad y se iguala.

La sociedad ha perdido el valor del esfuerzo. Aprender requiere de un esfuerzo. Estamos ante una pedagogía “compasiva”, decimos “pobrecito, se quedó el fin de semana a estudiar”.

Los humanos nos comunicamos con palabras. Hay generaciones nuevas con las que no podemos establecer un diálogo porque no comparten un código común que es la lengua que se enseña en la escuela. En Buenos Aires hay 850 mil jóvenes menores de 25 años que no estudian no trabajan; no hacen nada.

Se puede hacer algo. Hay que entusiasmar a los niños, leerles. La lectura es imaginación. Es volar. Hay que fomentarles el placer de aprender algo.


El docente cobra hoy como una empleada doméstica. Somos una sociedad hipócrita. Decimos que valoramos la educación, pero ¿qué diríamos si nuestros hijos, a los 17 años, nos dicen que quieren ser maestros?

3 comentarios:

Françoise dijo...

wow... qie interesante Lau!!! muchas cosas para pensar, pera replantear.... a mi el tema de la educacion me da vueltas y vueltas!!!
Me dejaste pensando en muchas cosas!

Charo dijo...

Muy buena síntesis Laura!
Me parece aterrador que padres e hijos se unan contra la escuela. Claro, muchos padres se ponen en el rol de amigos y no de padres. Y la autoridad dónde está? (en el buen sentido de la palabra).
Besos,

Maguita dijo...

Lau, qué interesante lo que planteás! yo hubiera salido igual de movilizada... la escuela italiana no es la panacea, obvio, pero me parece que supera por mucho a la argentina. Igualmente, eso de la compasión pedagógica me parece patético en las nuevas generaciones; todo se quiere ya, y no se premia el esfuerzo. Ufff... y el cierre, es tal cual. Quizá ahí está la clave: jerarquicemos el rol docente, démosle el valor que tiene. Aquí en Italia los maestros ganan muy bien, los profes de secundaria, y ni hablar los universitarios. En fin, como debe ser, no?
Un beso grande!